La Iniciación
La Francmasonería recibe a los seres humanos que desean perfeccionarse.
El objetivo no es crear una élite intelectual, sino contribuir al perfeccionamiento de hombres y mujeres libres y de buenas costumbres.
La solicitud de un profano (del latín " pro fanum ", aquel que se encuentra ante el Templo) se hace simplemente enviando una carta al Presidente del Taller elegido, o bien enviando una carta a la sede social en París, desde donde se la transmite al destinatario, a partir del solicitante.
Los procedimientos son análogos en el plano administrativo y dan lugar, una vez cumplidos, a una autorización para iniciar, a una postergación o bien a un rechazo.
Si el profano es aceptado, se lo autoriza a vivir una ceremonia que se llama Iniciación, palabra que viene del latín " initium ", comienzo.
La ceremonia de iniciación se desarrolla según un ritual bien determinado.
Después de esta ceremonia, el profano se convierte en Aprendiz. La disciplina a la que se somete favorece la reflexión y le permite sacar la mayor enseñanza posible de las reuniones a las que asiste.
Estos ritos no constituyen un culto. No hay ningún gurú, sino simplemente una búsqueda de la verdad.
" Le Droit Humain " exige de sus miembros un mutuo respeto.
El Aprendiz, que ha encarado un proceso a la vez personal y colectivo, avanzará en el camino iniciático y podrá acceder a los diferentes grados que confiere la Orden.